México actual; Arte y Sociedad

POR: MAC LILIÁN GONZÁLEZ

Quiero iniciar diciendo que no soy crítica de arte, sino mas bien pienso críticamente el arte, he generado una reflexión del arte como fenómeno actual en México. Hablar del arte hoy en momentos en los que se respira tanta incertidumbre, ¿Será el arte una de sus salidas?

A partir de los 80’s hemos visto grandes cambios en las estructuras del arte. Pasamos de ser una cultura aliada a la política, a la del adversario, trayéndonos recortes presupuestales a la Cultura y las Artes; Ciencia y Tecnología es la apuesta principal. Esto ha generado movilidad en asociaciones civiles para poder llenar esos huecos, pero también se generó un cambio de discurso, surgió la idea de los museos-tienda, galerías- museo, y rápidamente emergieron los espacios independientes. Pienso que ante tal movilización, el arte se debe salir y se debe vivir, no embodegar, sino que forme parte de nuestras vidas y encontrarlo mientras caminas. Actualmente México esta muy alejado de esto y mas bien funciona como escaparate.

México ocupa uno de los últimos lugares de lectura en el mundo. Somos la sociedad del refresco y la tv. El cambio deberá suceder desde el sistema educativo nacional, pero también desde la política cultural. Actualmente el arte en México se encuentra implosionado, hay demasiada oferta de Arte, estamos en el punto en el que cada vez mas personas quieren hacer arte y expresarse, -hacer mas que recibir-, generar experiencias “únicas”. habrá que aprovechar esta avalancha para generar espacios como el proyecto de InSite-Casa Gallina en Santa María La Rivera.

El proyecto toca realmente a la comunidad, “Casa gallina” es dirigido por Osvaldo Sánchez, ex director y curador de importantes museos en la ciudad de México. El proyecto empieza como InSite en 1992, un proyecto de arte público en la situación fronteriza con Estados Unidos. “Casa Gallinaes el espacio físico desde donde opera inSite, enclave de producción cultural al seno de una topografía crítica: el tejido barrial de una megalópolis latinoamericana. Su programa es una convocatoria abierta a metodologías creativas intensivas, dirigidas a inocular/transgredir/crashearlo cotidiano con intervenciones y gestos, capaces de activar imaginarios y flujos de empatía grupal”. Casa gallina se concibe entonces, como laboratorio y el artista como agente de cambio.

Con esto quiero apuntar lo siguiente: Demasiados artistas, demasiadas galerías, demasiados museos y un consumo poco diversificado. Las personas tienden a querer consumir experiencias y los artistas se han vuelto expertos en esto, las obras pasan de la estaticidad al movimiento, de la obra cerrada a la abierta como ya advertía Umberto Eco, pero también a la intervención, a la interactividad y al performance. Creo que las imágenes ya no tienen la misma potencia que antes y es por esto que tanto el espectador como el artista recurren a salirse del formato. Vemos a Lozano-Hemer, Damian Ortega, Ivan Puig, Carlos Amorales, Gabriel Orozco, Minerva Cuevas, por ejemplo, utilizando a los objetos para generar sus discursos y reflexiones. Al final el arte es un lenguaje y como cualquier lenguaje se desgasta, evoluciona y se actualiza.

Los artistas generan su propio lenguaje, en algunos casos, bobo, en otros muy malo, repetido o exquisitamente singular. Creo que hay que apostar a este último, a la singularidad. Hay que generar nuevos conceptos para pensar la realidad o para salir de ella. Encontrar la singularidad en la imagen es además un acto de amor, como encontrar la singularidad en una multitud.

 

¿Qué están haciendo los artistas mexicanos hoy en día? Veo justamente esta búsqueda de nuevos lenguajes de orden experiencial y en sus discursos veo continuamente la denuncia sobre la violencia, lo político y los derechos sociales. Me llama la atención que son las mujeres las que se inclinan mas hacia estos discursos, quizá por razones feministas pero también por una preocupación social; como sucede con Teresa Margolles, Minerva Cuevas y Ana Quiroz , entre otras.

“Ya era hora de que el arte saliera de su ensimismamiento narcisista, de su escrupulosa atención al minúsculo yo del artista, de que rompiera la fascinación hipnótica ante unos cuantos procedimientos (llamados virtuosismos), casi siempre con óleo… Y que en su momento, hará vendibles”. (Conrado, 2003, p. 19)

Sin embargo también hay un desgaste en estos discursos, los artistas voltean a ver a la violencia y las injusticias sociales como tema de sus proyectos museísticos o galerísticos, pero: “¿Y la sociedad, de la que hablan esos artistas, la que padece los horrores de la actualidad? Bueno, en realidad es el tema. Es lo que vende. El vínculo del artista con ella es meramente instrumental. Hecha la pieza, adiós. ¿O de veras cree que al llevar sus problemas al museo la ayuda o por lo menos la redime? Bueno, quizá la vanidad induzca, a algunos de ellos, a ese error. Los otros son cínicos” (Conrado, 2003, p. 20)

Ahora bien, veo también que ya superamos la idea de la reproductibilidad técnica de Walter Benjamin. Estamos en la cumbre del experience, vemos las galerías exponer continuamente instalaciones y performances, transgresiones a la cotidianidad en lugares públicos, complots a los sistemas políticos y de consumo como sucede con Minerva cuevas. Aquí las obras se desvanecen y solo quedan los registros de ellas o el montón de objetos que conformaron la instalación, rescatadas por los coleccionistas, obsesionados por salvar de la muerte a estos objetos que serán olvidados o desechados. Por lo tanto es el coleccionista la figura hegemónica de este arte, es el que en términos de economía le da soporte.

Nos encontramos en momentos violentos, hay transgresión en todos los niveles de lenguaje: las noticias, las imágenes y la realidad misma. El arte como parte de estos lenguajes se ha vuelto transgresor, proyectando esta imagen del mundo, sin embargo es en él, en el que deberíamos refugiarnos de todo este ruido vertiginoso de violencia y transgresión. La música, el teatro, la danza y las artes visuales pueden rescatarnos en cierta medida de esta catarsis. Hay realidades que nos sobrepasan, catástrofes, impactos ambientales, genocidios, matanzas por intereses políticos y del capital, que han generado que el arte se convierta en una especie de vaciamiento para lo traumático.

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Teresa Margolles, “Muro baleado 2010”.

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Minerva Cuevas en “Código de barras y compañía virtual Mejor Vida Corp”. En su compañía regala códigos de barras para que puedas comprar mas barato y te da credenciales de estudiantes para obtener descuentos.

 

Hay que darle un giro a esto y mas que un devenir de imágenes de lo traumático, encontrar como sucedía en las antiguas comunidades indígenas, la inmersión en el arte dentro de su cotidianeidad, como un todo, una experiencia conjunta y no separada. Es decir, la música, la danza y las plásticas formaban parte de la ritualidad y sucedían al mismo tiempo como una vivencia total. Pienso que en cierto modo podríamos retomar esta idea, en la que el arte formaba parte esencial de la existencia y no parte de una segregación. El arte como afirmación a la vida y el hombre como arte, en la que pensadores como Nietzsche ya proponían.

Para Primo Levy el arte se expresa por la vergüenza de ser hombre, ¿Cómo hay hombres que son capaces de tanta violencia?, el hombre por medio del arte libera la vida y la creación es entonces un necesario y no un voluntario.

Si miramos a México como un país que ha recibido miles de exiliados que huyeron por motivos de violencia, además de la violencia que nuestros antepasados vivieron en la colonización, podremos quizá entrever un fondo que germina en mas violencia. Hemos tenido presidentes que han sido grandes asesinos y que degradan al sujeto y a toda nuestra sociedad. El crimen mayor, es el de la deshumanización, el de destruir todo el capital de una nación y lo que gira en torno a él, ¡su tierra!. La política ha destruido a la población, la agricultura, la industria y el comercio.

Ha generado que las manos que trabajaban las tierras mexicanas se conviertan en ilegales, perdiendo sus tierras, rompiendo núcleos familiares y los de su comunidad. Y para terminar, toda una degradación catastrófica del ecosistema nacional, ocasionada por eso que los enorgullece; la industria automotriz, aeronáutica, de celulares, de pantallas plasma en las que ocupamos los primeros lugares en producción. Es una devastación ambiental que solo termina por favorecer a Estados Unidos.

¿Qué vamos a hacer para salir de este panorama de profunda tristeza sobre una nación que lo ha perdido todo? Los discursos que se escuchan en todas partes son los del miedo a esta realidad a la que fuimos sometidos.

Propongo generar giros de discursos y nuevamente regresar al arte como agente o laboratorio reestructurador de cambio. Ver el arte ya no como una intercambiabilidad, de la noción de dar, de pagar y recibir, sino entrar en la experiencia y encontrarlo como el que nos hace repensar la realidad. Tener un espacio en el que no exista esta idea del intercambio, una comunidad en la que no tengas que pagar por estar ahí en todos sus sentidos. Remitirnos a lo esencial, como la espiritualidad y el arte como la religión de un camino de comunión.

 

Las normas, para Nietzsche, van generalmente en contra de la felicidad individual, de manera que “las normas que se llaman «morales» están, a decir verdad, dirigidas contra los individuos y no tienden, en ningún caso, a su felicidad”. La felicidad es posible cuando surge de las leyes propias del individuo, y será proporcional a “su tamaño”. Hombres pequeños (es decir aquellos que siguen la doctrina de la felicidad y la virtud y no sus propias leyes) tendrán felicidades pequeñas”.(Nietzsche F. , 2000, p. 108)

 

Propongo encontrar en el arte un espacio para el goce, encontrar la alegría, la felicidad, un regreso a la poética visual espacial, experiencial y fuera del marco. Los artistas que veremos ahora, generan algunos caminos visuales en este sentido, estaciones en las que de pronto no sabes a donde van, pero en las que te quieres quedar a dialogar, no son estaciones que te atacan y transgreden como pudiera pasar con otros artistas que buscan la provocación o la denuncia frontal.

 

Las imágenes que ellos generan son de otro orden; el espacial y experiencial. Las obra se generan en sitio o transcurren y evolucionan en él. Como sucede con Abraham Cruzvillegas, que creció en el barrio con casas que continuamente se reconstruían, el

artista genera discursos a partir de esta reconstrucción, donde todo lo que se desecha sirve para construir las fachadas, los techos, las ventanas. La idea de un México que se reconstruye continuamente es su principal discurso y también lo que esta a punto de

desmoronarse y caer.

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Ivan Puig, utiliza la poética visual para reflexionar. Las sillas por sí solas la generan y enfrentarnos con ellas inmediatamente atrae nuestra mirada, el hundimiento en lo que parece algo solido es lo que impacta, pero cuando nos enteramos que están en una plataforma en la Universidad de Guanajuato y que son las sillas de estos grandes catedráticos que se diluyen. Es entonces cuando se empiezan a generar nuevos diálogos, entre ellos el cuestionamiento sobre la transmisión del conocimiento.

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Estos artistas muestran lo que no se puede decir con palabras, en donde el lenguaje se actualiza pero también recae en una trampa sin salida y habrá que generar uno nuevo. Esta selección no muestra la evidencia de los acontecimientos traumáticos que en algunos artistas es un recurso para maquinar sus enunciados, en una suerte de repetición esquizofrénica como recurso. En este caso y en estos artistas veo la generación de nuevos enunciados, la salida o creación de nuevos conceptos a partir quizá en algunos casos también de lo traumático o de lo catastrófico que puede parecer la realidad. Hay una transformación de ellos para tocar estas realidades de forma distinta, en un cambio del discurso de la realidad mediante la generación de la poética visual. Es aquí en donde el arte puede generar en el espectador una especie de refugio o placer.

Quizá encontrar un acto de risa y llanto, que suceden en conjunto, no como dicotomía sino como vínculo, en el que no sucede uno sin lo otro. Veo complejo una salida del arte sobre el aparato institucional de forma totalitaria, hay que intentar salir de los muros y tocar a la sociedad para poder transformarla -como el proyecto Casa gallina-. De que nos sirven las bienales y las grandes inauguraciones museísticas, si de fondo no se genera una transformación. ¿Por qué utilizar de tema hegemónico la violencia y que quede solo como pretexto para hablar de actualidad y no generar un cambio tangible?.

No hay que olvidar lo que el movimiento Dadá y los Constructivistas de alguna forma querían hacer, y era dislocar al arte para adentrarlo a la cotidianidad y así transformar la realidad. Lograr reconstruir los espacios vitales, como las plazas públicas y hasta los objetos cotidianos; ponerlos al servicio de la vida. Esto no invita a la mercantilización, ni a la industrialización del arte que ya fue dado desde el pop art. Mas bien invita a reflexionar el arte como experiencia vivida que afirma la vida.

 

Bibliografía:

Conrado, T. (febrero de 2003). Voltear a ver. Letras libres , 18-23.

Nietzsche, f. Sobre verdad y mentira en el sentido extramoral. En E. d. ARCIS (Ed.). http://www.philosophia.cl.

Nietzsche, F. (2000). Pensamientos sobre los prejuicios morales. En Aurora (G. Cano, Trad., pág. 74). Madrid: Biblioteca Nueva.

Proyecto Casa Gallina: http://insite.org.mx/wp/insite/

XXII Coloquio internacional 17, instituto de estudios críticos. “Trompos a la uña” http://17edu.org/:

Barreda, Andrés. Derdyk, Edith. Muyolema, Armando.

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