Sobre Oscar Hagerman…

Debo admitir que al recibir la invitación a platicar sobre Oscar Hagerman, fue irresistible, hablar de alguien que tanto respeto ha tenido por la arquitectura, por el diseño, pero sobre todo por las personas es admirable.

 Esas personas que usualmente los diseñadores les llamamos clientes, para Hagerman nunca lo han sido así, porque con su sabiduría lo ha llevado a reinterpretar de la forma más pura sus necesidades, esa interpretación que sólo se logra desde la observación y vivencia participante, dicho sea de paso, sin cobrar ni un centavo por sus diseños.

Sus reconocimientos internacionales, su Doctorado honoris causa, son solamente símbolos que ponen de manifiesto algo que tiene un valor incalculable, que es su legado a las futuras generaciones de Diseñadores. Siendo yo un diseñador industrial, con ya un poco más de 15 años de trabajo en comunidades rurales, es inevitable sentir una enorme admiración por el profesionista que no ambicionó nada más que compartir la vida con los menos favorecidos. Que deja las codicias profesionales para abandonarse a la idea de compartir su vida. Algo que alguna vez pensé, pero nunca tuve el valor de hacer.

Desde el principio de la humanidad el hombre ha diseñado, desde antes de que Hagerman diseñara su ya famosa silla Jiquipilas o la Vicente guerrero, la humanidad ya había diseñado la Barcelona, la Tulipán, la Ribbon, la Wassily, pero antes de ellas todas tuvieron un común origen, el hombre se sentó en una piedra o en un montículo de tierra. Es decir, desde que la humanidad inicia, el hombre ha diseñado.

En sus inicios como diseñador, el hombre se enfocaba en las necesidades realmente importantes, nos enfocamos en diseñar cosas que se convirtieran en satisfactores de nuestras necesidades básicas, que Malinowsky tuvo muy bien en identificarlas: La nutrición, la reproducción, las comodidades físicas, Seguridad, Relajación, Movimiento y Crecimiento.

Entonces fue que el hombre diseñó puentes, el arco y la flecha, el fogón, la silla, la rueda, el vestido, el refugio. Pero, entonces  en que momento los diseñadores nos convertimos en creadores de llaveritos, de exprimidores de naranjas que no exprimen (nada personal contra Philippe Stark) en lamparitas de escritorio que prenden con aplausos, y uno de mis favoritos, en máquinas centrífugas para secar lechugas?

Tan sólo miremos a nuestro alrededor y veamos tantas y tantas cosas que no necesitamos, que no responden a ninguna de las necesidades básicas del hombre, en algún momento como diseñadores perdimos la brújula y nos desorientamos, sirviendo sólo un ímpetu capitalista y que pareciera no tener fin, nos rodeamos de cosas que no necesitamos y que adquirimos sin ni siquiera pensar que pasará después de su vida útil, que haremos con todo el desecho que se produce? Simplemente, por ponerlo de una manera muy sencilla, como humanidad no paramos de meternos autogoles y pareciera que el partido contra el calentamiento global está del todo perdido.

Ahora, entre tantas metodologías que nos queremos inventar para mejorar nuestros diseños, “Human centered Design”, “Emphatic Design”, “Design Thinking”, todas sin excepción giran alrededor de algo que hace siglos hacíamos muy bien, que era observar, vivir, entender el contexto, algo que esta época de la inmediatez, de las redes sociales, de la post modernidad nos ha arrebatado.

Es por eso que el trabajo y vida de Hagerman en un soplo de aire fresco, que nos permite recobrar como diseñadores industriales la esperanza de poner el diseño industrial a favor de la humanidad y no en su contra.

Hagerman, nacido en La Coruña en 1936, de ascendencia sueca, eligió trabajar entre los más pequeños, los que hacían ataúdes para difuntos en una cooperativa, en ese tiempo, ganaban tres centavos.

Elena Poniatowska nos relata desde su columna de la Jornada un episodio con esta cooperativa: “Hagerman les regaló el diseño de la silla, que gustó tanto que recibió un premio del Instituto Mexicano de Comercio Exterior. En la cárcel de Tenango del Valle los presos tejieron el asiento de palma y así la silla se abarató aún más, y ahora se vende en todos lados, en las aceras, en los mercados, al borde de la carretera. Cientos de miles de estas sillas entraron a las casas más humildes y los mexicanos se sentaron en la noche alrededor del fuego, del relato, a comentar los sucesos del día, en el descanso bien ganado en una silla generosa que los recibía y los arrullaba. Cientos de miles de mexicanos vivieron de la fabricación de esta silla que ahora es parte de nuestra vida cotidiana.

El barro, la madera, la palma, las hojas de los árboles son sus materiales. El hierro, el aluminio, el polietileno, el plástico nada tienen que ver con su entrega a los demás. Porque Óscar Hagerman es un hombre entregado sobre todo a los indígenas, los olvidados de siempre, los que viven en la sierra, los que no tienen agua ni luz, y acarrean leña sobre su espalda para calentarse”

No puedo dejar de pensar en las grandes anécdotas que tendrá Hagerman después de décadas de trabajo comunitario, pero también, no puedo dejar de pensar en la zona que conozco del México Rural, la huasteca y sierra Hidalguense, acordarme de la comunidad de Tamoyón II donde alguna vez viví ese México doloroso de la pobreza extrema, donde conocí un par de ancianos que al yo entrar a su casa rompen a llorar porque al verme no tenían nada que ofrecerme, y me señalan un par de tortillas con sal que estaban comiendo, mismas que sin titubear me ofrecían.

Este Mexico invisible para la gran mayoría, tan lejos de los políticos, tan lejos de la agenda nacional, es el que Hagerman conoce, es el México para el cual diseña y diseña bien! Es en su interpretación donde el Etic y Emic se funden porque Hagerman no es ni un invasor, pero tampoco un local, simplemente es una persona que entiende a las personas para las que diseña, las respeta, respeta sus procesos, respeta sus materiales, y después, los potencia con su gran talento.

En este afán de describir la importancia del diseño de Hagerman, me parece pertinente recuperar algo de Fernando Martin Juez, de su libro “Colaboraciones para una antropología del Diseño”

“Para algunos etimologistas, anthropos (hombre, ser humano) procede de la palabra griega Anthroskos, que significa mirar hacia arriba, al cielo. Diseñar procede de Designare: marcar, señalar para un determinado fin, es decir: designar.

Este ser único, capaz de concentrar su atención escudriñando el cielo y preguntarse por su origen y finalidad, al regresar la mirada hacia el horizonte, mira a los otros y construye propósitos, señala para un determinado fin la configuración y el temperamento de las cosas, imagina y manufactura objetos que son el espejo de su idiosincrasia y empeño de su memoria. Este ser, capaz de designar un medio donde pervivir en un medio que le causa asombro y miedo, decide a veces no temer, no dudar de los otros que también miran hacia arriba al cielo; entonces comprende, admite y respeta; entonces diseña para los que son él; y con deferencia, acepta el diseño creado por los otros para otros que no son igual a él.

Diseñar, crear, proyectar solamente para quienes conoce y respeta, es un buen principio. Los grandes diseños, aquellos que todos aceptamos son pocos; existen porque su creador atinó a desvelar el deseo, las habilidades y destrezas que en un momento dado nos hacen similares; o bien, se trata de innovaciones que atraen temporalmente y estimulan nuestra curiosidad y asombro. No suelen ser diseños impuestos; no son la impostura. Son como los otros grandes diseños: los objetos locales, comunitarios, aquellos con los que identifica sus creencias, y practica una manera peculiar de uso. Si un diseño nos complace, si nos es útil, es porque de algún modo somos parte de la comunidad para la que fue creado, en nuestra mente resuena el sentido de algunas metáforas que el objeto encierra, y podemos, además, adaptarnos sin mayor dificultad a sus funciones, usándola como una prótesis”.

Un comentario en “Sobre Oscar Hagerman…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s