Si Mujica fuera diseñador (parte II ): el diseño como acto de comunidad


José Mujica nunca diseñó una silla, pero diseñó algo más difícil: una forma de estar en el mundo. Su austeridad no era estética, era ética. No era decorativa, era profundamente funcional.

Pensaba en los otros antes que en sí mismo. Y en eso —justo en eso— radica la lección para quienes hoy diseñamos productos, servicios, entornos o estrategias.

Cuando escribí el artículo anterior, añadí que el diseñador debe convertirse en activista. Hoy quiero completar la idea:
El diseñador debe trabajar como parte de la comunidad, y desde ahi, juntos entender y generar las evoluciones y conexiones para esa comunidad.

Papanek lo dijo antes que todos

Victor Papanek hace 50 años, no hablaba de “diseño bonito”. Para él, diseñar era una responsabilidad moral. Lo escribió así:

Diseñar para necesidades reales, en lugar de fabricar deseos falsos, es el deber del diseñador responsable.

Papanek creía que el diseño debía usarse para empoderar a las comunidades marginadas, no para seguir vistiendo los escaparates del privilegio. Diseñar era actuar políticamente.

Y Mujica también, sin saberlo, era un político en ese mismo sentido: observaba, escuchaba, renunciaba al exceso. En su lenguaje sencillo y directo, hablaba del impacto de nuestras decisiones. ¿No es eso lo que buscamos cuando diseñamos desde la empatía?


¿Y si diseñar no es crear cosas, sino relaciones?

El diseño comunitario no parte del ego del creador, sino del diálogo con el otro. No piensa en el usuario ideal, sino en la vida real. No pregunta: ¿cómo se ve esto? sino ¿a quién sirve?, ¿cómo transforma?, ¿quién se lo puede apropiar?

Esto implica ir más allá del “buen diseño” y sumergirse en el barro de lo colectivo:

Reunirse con comunidades, escuchar sus dolores sin la prisa de solucionarlos.

Co-crear, aunque el resultado no se vea “perfecto”.

Reconocer que el diseño no es un producto, sino un proceso compartido.

Mujica, Papanek y el rediseño del propósito

Ambos, cada uno desde su trinchera, denunciaron lo mismo: el diseño que olvida a los olvidados. Y nos recordaron que hacer las cosas bien no basta si no hacemos bien las cosas importantes.

Si Mujica fuera diseñador, caminaría por los barrios, escuchando, si Papanek viviera hoy, diseñaría herramientas con cooperativas, no con marcas de lujo.

Y nosotros, ¿qué elegimos diseñar?

El futuro del diseño no será solo bello o innovador. Será comunitario o no será.

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